El 18 de mayo, en los pasillos de la planta de COMPAS en Aguascalientes, el último Mercedes-Benz GLB salió lentamente de la línea de producción.
Los trabajadores se tomaron fotos y se despidieron. No hubo celebraciones ni discursos. Solo quedó el eco de las máquinas y el silencio de un ciclo que llegaba a su fin de manera sobria.
Para Aguascalientes, el cierre de esta jornada no representó únicamente el fin de una línea de ensamblaje, sino el cierre de toda una era.
La gloria pasada de la "Alianza Germano-Japonesa"
Corría el año 2017 cuando la planta de COMPAS (Cooperation Manufacturing Plant Aguascalientes) se inauguró oficialmente. Nissan y Daimler unieron fuerzas para posicionar este complejo como el centro de manufactura de autos premium de Latinoamérica, proyectando una capacidad anual de 230,000 unidades para fabricar simultáneamente el Infiniti QX50 y el Mercedes-Benz GLB.
Durante la ceremonia de inauguración, los directivos brindaron con entusiasmo, y los titulares de los medios se llenaron de frases como "cooperación histórica" y "el nuevo referente de la manufactura en América Latina".
Sin embargo, la realidad fue mucho más cruel que las expectativas. Las ventas del Infiniti QX50 en el mercado latinoamericano se mantuvieron bajas durante mucho tiempo, y la presencia de la marca en la región nunca pudo competir con la de sus rivales europeos. Aunque el Mercedes-Benz GLB resistió hasta el final, el sostener la operación de toda una planta con un solo modelo resultó ser una base insostenible a largo plazo.
El problema de fondo fue que la planta inició operaciones en 2017, justo cuando la transición global hacia la electrificación automotriz comenzó a acelerarse. Las estrategias de nuevas energías de Nissan y Mercedes-Benz tomaron rumbos acelerados, y ambas compañías enfocaron sus recursos hacia la gama alta eléctrica. Así, esta planta conjunta de autos de lujo a gasolina quedó relegada en sus prioridades. Lo que parecía una unión de gigantes llegó a su fin debido a una silenciosa bifurcación en sus visiones estratégicas.
800 trabajadores: ¿A dónde irán la próxima semana?
Para el ciudadano común, el "ajuste estratégico" es solo un término en los comunicados de prensa. El costo real es el acuerdo de liquidación de más de 800 trabajadores.
Este grupo de empleados solía ser la envidia de la comunidad de Aguascalientes. Entrar a trabajar a la planta de COMPAS significaba tener uno de los mejores salarios de la manufactura local, aprender los procesos de precisión de la industria premium y gozar de una perspectiva laboral sumamente estable.
Ahora les toca empezar de nuevo.
A pesar de todo, hay una realidad que vale la pena destacar: es poco probable que se queden sin empleo. La industria automotriz en México atraviesa por una reestructuración impresionante, y las automotrices chinas de vehículos de nuevas energías están expandiendo activamente su capacidad y reclutando mano de obra calificada. Las redes de manufactura establecidas por marcas como Chery (Chirey), BYD y Geely buscan con urgencia personal con experiencia en el ensamble de vehículos completos.
Sin embargo, esta "transición fluida" no es tan sencilla como suena. La cultura de gestión, los sistemas de turnos y las estructuras salariales de las plantas chinas difieren considerablemente de los sistemas tradicionales de Nissan y Mercedes-Benz. Para un técnico que trabajó durante años bajo la lógica alemana o japonesa, esto no es solo cambiar de empleo, sino adaptarse a una filosofía de trabajo completamente distinta.

El cierre de una planta refleja el rumbo de toda una industria
El fin de COMPAS es una huella concreta que deja la contracción global de los autos de lujo a gasolina en suelo mexicano.
Y no será el último. Con la aceleración de la ola eléctrica, las automotrices tradicionales están evaluando a nivel global qué plantas vale la pena conservar y cuáles líneas deben cerrarse. Aunque México sigue siendo un eslabón clave en la manufactura automotriz mundial, mantener este estatus dependerá de su capacidad para asegurar su lugar en la nueva cadena de suministro de energías limpias.
Las instalaciones vacías de COMPAS y los 800 trabajadores que hoy salen al mercado laboral son la nota al pie de página más real de este desafío.
